SAMANI: un refugio para el majaz que devuelve el equilibrio al bosque amazónico
En Chanchamayo, el zoocriadero Samani, liderado por Juan José Verde y supervisado por OSINFOR, cría Cuniculus paca bajo estándares de bienestar y ofrece una alternativa legal a la caza furtiva del majaz.
El majaz o paca (Cuniculus paca) es uno de los roedores silvestres más apreciados de la Amazonía peruana. Su carne es valorada en mercados locales y su presencia forma parte de la dieta y la cultura de muchas comunidades de ceja de selva y llano amazónico. Esa misma demanda, sin embargo, ha impulsado durante décadas una caza indiscriminada que reduce poblaciones, altera el equilibrio del bosque y empuja la extracción hacia zonas cada vez más remotas e ilegales.
Frente a ese escenario, el zoocriadero Samani, ubicado en la provincia de Chanchamayo, Región Junín, se ha consolidado como una respuesta de conservación y formalización. Liderado por Juan José Verde y supervisado en el marco de las competencias de OSINFOR (Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre), Samani ha logrado criar y reproducir al majaz en cautiverio bajo estándares estrictos de bienestar animal. El modelo no pretende “reemplazar” al bosque: pretende aliviar la presión sobre las poblaciones silvestres ofreciendo una vía legal y trazable.
Uno de los pilares del proyecto es la comercialización legal de crías vivas, de modo que la demanda de ejemplares no se satisfaga extrayéndolos directamente del monte. Cada majaz nacido y criado en Samani es, en la práctica, un individuo que no debió ser cazado en el bosque. A ello se suma un registro de longevidad y cuidado: ejemplares que superan los 14 años de vida en condiciones controladas, evidencia de un manejo veterinario y de infraestructura pensado a largo plazo, no de un simple encierro oportunista.
El enfoque se alinea con la Ley Forestal y de Fauna Silvestre y con la idea de que la conservación activa puede convivir con bionegocios formales cuando hay supervisión, bienestar animal y respeto a las cuotas y autorizaciones. No se trata de abrir la puerta a la explotación desregulada, sino de demostrar que un criadero serio puede ser aliado del bosque: reduce la caza furtiva, genera empleo local y educa sobre el valor de la fauna nativa.
Samani ilustra una lección que la selva central necesita repetir en otros frentes: el equilibrio del bosque amazónico no se recupera solo con prohibiciones en el papel. Se recupera cuando existen alternativas reales, fiscalizadas y éticas para quienes históricamente han dependido de la fauna. Un refugio para el majaz es, en el fondo, un refugio para la idea de que producir y conservar pueden dejar de ser caminos opuestos.



