El mono choro de cola amarilla: guardián del agua y la vida en las montañas
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El mono choro de cola amarilla: guardián del agua y la vida en las montañas

Redacción ForestalTimes5 de junio de 20259 min de lectura

Lagothrix flavicauda, el primate más grande del Perú y endémico del país, reapareció en Pampa Hermosa (2018) y en Calabaza (2025). Ha perdido más del 80 % de su hábitat; su supervivencia depende de nosotros.

El mono choro de cola amarilla (Lagothrix flavicauda, también referido en la literatura como Oreonax flavicauda) es el primate más grande del Perú y una especie 100 % endémica del territorio nacional. Durante décadas se le creyó extinto, hasta su redescubrimiento científico en 1974. Su pelaje denso de tonos castaños a rojizos, la cola prensil conspicua y su vida estrictamente arborícola lo convierten en uno de los símbolos más poderosos de los bosques nublados andino-amazónicos.

Históricamente, la especie se asoció a los bosques montanos del norte del país, en los departamentos de Amazonas y San Martín. Sin embargo, el mapa de su distribución se ha ampliado con hallazgos recientes en la selva central. En 2018 se documentó una población en el ámbito de Pampa Hermosa, provincia de Satipo, Región Junín. Más recientemente, en 2025, una expedición en Calabaza registró dos nuevos grupos. Estos hallazgos confirman que Junín —y en particular el mosaico de la Reserva de Biosfera Avireri-VRAEM y el Santuario Nacional Pampa Hermosa— forma parte del último refugio de este primate amenazado.

El mono choro de cola amarilla habita bosques montanos y de neblina entre aproximadamente 1 000 y 2 800 m s. n. m. Allí cumple un rol ecológico irreemplazable: es el “jardinero del bosque”. Al alimentarse de frutos y desplazarse por el dosel, dispersa semillas a distancias considerables y regula, de forma indirecta, la regeneración y la composición de la vegetación. Bosques nublados sanos —sostenidos en parte por estos grandes frugívoros— capturan humedad, regulan caudales y producen agua para miles de localidades río abajo. Conservar al choro es, en sentido literal, conservar el agua y la vida en las montañas.

La urgencia es extrema. Se estima que la especie ha perdido más del 80 % de su hábitat original a causa de la deforestación, la fragmentación del bosque, la caza y la conversión de laderas a usos agropecuarios. Menos del 20 % del hábitat histórico seguiría en pie. Cada corredor que se corta y cada hectárea de neblina que se quema empujan a la especie un paso más cerca de la extinción local —y, dada su endemismo, de la extinción global.

Satipo ha incorporado la figura del mono choro de cola amarilla a su paisaje urbano: una escultura en el Parque Santa Leonor recuerda a residentes y visitantes que la identidad territorial de la provincia está ligada a este guardián del bosque. El símbolo importa, pero no basta. Se requieren corredores biológicos efectivos, control de la deforestación en ceja de selva, turismo de naturaleza responsable y apoyo sostenido a las ANP y a las comunidades que conviven con la especie. La supervivencia de Lagothrix flavicauda en Junín depende, de manera directa e ineludible, de las decisiones que tomemos ahora.

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